Infracciones
INFRACCIONES
Indice
- Hacking
- Grooming
- Ciberacoso
- Ciberterrorrismo
- Doxing
- Huella Digital
Hacking
El problema del hacking se ha puesto de manifiesto en los últimos años y cualquiera puede estar expuesto ante quien disponga de los medios tecnológicos suficientes para introducirse en el perfil de un usuario.
El primer error que se comete es el exceso de datos que se comparten en Internet. Con ellos, se pueden deducir pautas de comportamiento, consumo e interrelación con terceros, tanto dentro como fuera de la red. Muchos usuarios comparten esa información de manera indiscriminada, con pocos o ningún filtro sobre los contenidos que pueden ver sus contactos.
En los últimos meses se han repetido diversas alertas sobre las plataformas de hacking, pero no orientadas a romper la seguridad de los ordenadores ni de los servidores, sino simplemente a hacerse con la información entregada por los usuarios en sus perfiles de redes sociales. El problema ha alcanzado tal dimensión que las principales redes sociales han reforzado su seguridad o han recordado a sus usuarios las opciones que les brindan para protegerse.
Clonar páginas y accesos de Facebook no es solo una de las tácticas de los hackers. También hay que tener cuidado con los juegos y pasatiempos pensados para hacerse con información y contraseñas de las cuentas en las redes sociales.
La contraseña es fundamental ante el hacking de redes sociales
El peligro en el caso de que alguien entre en el perfil de un usuario en una red social es proporcional a la información que se haya incluido en la página, tanto visible para otros usuarios como no visible, ya que, el hacker puede acceder a todo. Incluso puede secuestrar la cuenta del usuario cambiando la contraseña


GROOMING
Podemos definir Grooming de manera sencilla como el conjunto
de estrategias que una persona adulta desarrolla para ganarse
la confianza del menor a través de Internet con el fin último
de obtener concesiones de índole sexual. Hablamos entonces
de acoso sexual a menores en la Red y el término completo
sería child grooming o internet grooming. Desde un acercamiento
lleno de empatía y/o engaños se pasa al chantaje más cruento
para obtener imágenes comprometidas del menor y, en casos
extremos, pretender un encuentro en persona. El daño psicológico
que sufren niños, niñas y adolescentes atrapados en estas
circunstancias es enorme.
Como ocurre con muchos otras palabras, máxime cuando son referidas a fenómenos recientes relacionados con Internet, en ocasiones se usa de manera equivocada o, cuando menos, algo distinta. Sea el criterio anteriormente expuesto al que nos referimos en las siguientes líneas.
Un problema grande para los más pequeños
No hay datos ciertos de su incidencia en nuestras sociedad,
tanto por ser una cuestión reciente como por su rápida evolución. No consta que haya un cómputo expreso de las denuncias relacionadas recibidas por los diversos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado implicados. Y, aunque así fuera quedarían, muy a nuestro pesar, un grueso ingente de casos que o bien no son denunciados por los adultos responsables (por las implicaciones emocionales y para la intimidad del menor) o bien nunca llegan a ser conocidos por éstos. No hay magnitudes y nos hemos de conformar con conjeturas construidas a partir de sucesos concretos, haciendo uso de la extrapolación y de una pretendida intuición.
Sirva como ejemplo el conocido caso de un pederasta que
operaba desde un país latinoamericano. Poseía colecciones de imágenes de más de 70 niñas de diversos países. Diez de ellas eran españolas y sólo constaban denuncias de tres.
Otro dato simbólico son las crecientes operaciones contra la pornografía infantil. A pesar de su comunicación en medios de comunicación con fines disuasorios, los casos son cada vez más abundantes. Es simple, significa que hay mucha demanda de pornografía infantil, esto es, muchos consumidores y muchos menores implicados. La pornografía infantil, en tanto que prohibida, mueve grandes cantidades de dinero y, en consecuencia, llama la atención de “mafias mayoristas” que crean el material, por lo general, en países donde la protección de la infancia no alcanza unas cotas mínimas y existe prostitución infantil. No es nuestro caso, pero ocurre que hay otro tipo de material pornográfico infantil que es el generado por pedófilos y pederastas para su propia satisfacción y como moneda de cambio en los circuitos donde se mueven estas imágenes. Podríamos deducir de todo esto que hay una producción creciente de pornografía infantil que es obtenida, también, por pedófilos particulares y anónimos que se nutren de nuestros hogares.
¿Es lo mismo que pasaba “antes de la Red” o es diferente?
Decir que la Red ha llevado a escala la práctica del acoso sexual a menores podría resultar exagerado… o quizás no. Reflexionemos sobre qué condiciones, a modo de factores catalizadores, se están dando en este nuevo contexto:
- La Red es ahora rápida y barata. Contenidos audiovisuales, como los pornográficos, circulan con plena fluidez.
- Cada vez más se impone el uso de la cámara web, elemento presente en la inmensa mayoría de los problemas. Coste mínimo para los equipos de sobremesa o de serie en equipos portátiles que, dicho sea de paso, dificultan la supervisión parental (se pueden mover de lugar en la casa e incluso sacar a otros lugares, a cielo abierto o no, dotados con redes WiFi). Además, no sirve para identificar al interlocutor porque los depredadores ya disponen de software que truca la imagen que su cámara reporta, con lo que el efecto puede ser bien contrario, generando mayor confianza ante una imagen trucada. Además, si no se contara con cámara web, el recurso a la cámara digital o al móvil capaz de grabar imágenes y vídeos es inmediato. Ya tenemos al menor plenamente equipado para proporcionar lo que busca a quien acecha.
- El pedófilo o pederasta “de antes” podía sentir su “perversión” como algo irrefrenable, pero quizás también como nociva o inmoral. “El de ahora” cuenta en la Red con miles de personas en todo el mundo con las que compartir su “afición”: datos, trucos, experiencias, material… Existe incluso un grupo que promueve el “amor libre” con los menores. Ya no hay razón para sentirse mal con uno mismo. “No soy un bicho raro, no tengo porqué aguantarme, basta con que no me pillen” pueden pensar ahora.
- Hay algunos estudios que insinúan que la exposición continuada a determinado tipo de pornografía puede en ciertos casos acabar creando permisividad hacia el consumo de pornografía infantil e incluso inducir a su necesidad. ¿Alguien sabe si hay pornografía en la Red?¿De algún tipo en particular?
- Los propios menores, éstos ya con una motivación menos perversa en su origen pero igual de lesiva en el fondo, pueden consumir y crear su propio material de una manera más o menos consciente o imprudente.
- No hay que esperar a los recreos o a las horas desalida del colegio. Millones de niños están conectadosen cada instante y cuando unos duermen, otros estándespiertos al otro lado del mar e incluso hablan elmismo idioma. El coto está abierto 24 horas todos losdías del año. Se puede practicar a todas horas, es fácily barato.

CIBERACOSO
El ciberacoso sucede cuando los chicos usan tecnología en línea para perjudicar a otros chicos. En otras palabras, utilizan Internet para acosar y avergonzar a personas. Es a propósito y por lo general es constante.
Hoy en día los chicos usan las redes sociales, los mensajes de texto y el correo electrónico para charlar con sus amigos. Esto significa que el ciberacoso puede ocurrir muy fácilmente. Los mensajes crueles o las fotografías poco favorecedoras pueden ser enviadas a todos en la escuela con tan solo apretar un botón. Y los chicos pueden seguir enviando mensajes humillantes desde casa, durante los fines de semana o incluso durante las vacaciones.
A veces el acoso cibernético sucede con solo un niño que envía un texto cruel. Pero también puede ser un grupo de chicos que publican cosas humillantes acerca de alguien. Y después esos chicos envían el mensaje a más personas. Este breve video muestra un ejemplo de ciberacoso.
Estos son otros comportamientos que pueden ser considerados ciberacoso:
Enviar correos electrónicos, textos o mensajes instantáneos desagradables
Enviar mensajes neutrales a alguien hasta el punto del hostigamiento
Publicar cosas humillantes acerca de alguien en las redes sociales
Divulgar rumores o chismes en línea acerca de alguien
Burlarse de alguien en un chat en línea en el que participan varias personas
Atacar o matar a un avatar o personaje de un juego en línea, constantemente y a propósito
Hacerse pasar por otra persona al crear un perfil en línea falso
Amenazar o intimidar a alguien en línea o en un mensaje de texto
Tomar una foto o video humillante y compartirlo sin permiso
Es importante saber que no todos los conflictos en línea entre los chicos son considerados ciberacoso. A veces los chicos discuten en las redes sociales. También pueden burlarse entre ellos o usar chistes privados en sus mensajes de texto (lea acerca de la diferencia entre bromear y acosar).
Pero existe una manera de determinar si una conducta es ciberacoso. Si un chico está enviando mensajes crueles a propósito y frecuentemente, entonces es ciberacoso.
El ciberacoso y los chicos con dificultades de aprendizaje y de atención
Todos los chicos pueden ser acosados cibernéticamente. Sin embargo, los chicos con dificultades de aprendizaje y de atención enfrentan riesgos especiales debido a sus dificultades. Esto significa que tienen más probabilidad que sus compañeros de ser acosados cibernéticamente.
Por ejemplo, los chicos que reciben servicios especiales o adaptaciones puede que sean el blanco del ataque porque parecen diferentes. También pueden ser señalados debido a sus dificultades académicas o sociales.
Además, los mensajes en línea pueden ser complicados para los chicos con dificultades de aprendizaje y de atención. La mayor parte de la comunicación en línea se basa en textos, por lo que los chicos con dificultades para escribir pueden tener problemas con esto.
Los niños que tienen dificultades con las habilidades sociales pueden malinterpretar los correos electrónicos o los mensajes de texto. Puede que no entiendan el contexto de una publicación en las redes sociales. Y los chicos con problemas de impulsividad o TDAH puede que respondan negativamente a un mensaje sin analizarlo.
Pero es importante saber que los chicos con dificultades de aprendizaje y de atención no solo corren el riesgo de ser víctimas. También están en riesgo de acosar cibernéticamente a otros chicos.

CIBERTERRORISMO
En los años 80, Barry Collin, un investigador senior del Institute for Security and Intelligence en California acuñó el término cyberterrorism para referirse a “la convergencia del ciberespacio con el terrorismo”14. Mark Pollit, un agente del FBI que se dedicó a estudiar el tema, desarrolló la siguiente definición operativa: “El ciberterrorismo es el ataque premeditado y políticamente motivado contra información, sistemas computacionales, programas de computadoras y datos que puedan resultar en violencia contra objetivos no combatientes por parte de grupos subnacionales o agentes clandestinos”. Como se observa, Pollit tomó una parte de la definición de terrorismo del FBI anteriormente citada.
Para contribuir a clarificar qué fenómenos pueden ser calificados como actos de ciberterrorismo, Dorothy E. Denning directora del Georgetown Institute for Information Assurance de la Georgetown University, explica lo siguiente:
“Para calificar como ciberterrorismo, un ataque debe resultar en violencia contra personas o contra la propiedad, o al menos causar el daño suficiente como para generar miedo. Ataques que deriven en muertes o personas heridas, explosiones, colisiones de aviones, contaminación de agua o severas pérdidas económicas pueden ser ejemplos válidos. Serios ataques contra la infraestructura crítica de un país podrían ser actos de ciberterrorismo, dependiendo de su impacto. Los ataques que interrumpen servicios no esenciales o que son básicamente una molestia costosa no entran en esta categoría”.
Esa definición de Denning es la que se decidió adoptar con fines operativos para esta tesis. Por lo tanto, en el presente trabajo quedan excluidas del concepto de ciberterrorismo las siguientes prácticas:
• El hackeo de sitios web y la modificación de sus contenidos.
• Los “ataques de negación de servicio”, destinados a paralizar durante unas horas las operaciones de un sitio, aunque sin causarle daño alguno.
• La intromisión no autorizada en redes privadas o gubernamentales, aún cuando esas intromisiones se produzcan en organismos vinculados a la seguridad, como el Pentágono, el FBI o la Fuerza Aérea.
• La intromisones en redes con propósitos delictivos: espionaje industrial, robo de bases de datos, robo de números de tarjetas de crédito, etcétera. Estas prácticas se podrían incluir en la categoría de ciberdelito (cybercrime). 16
• La diseminación de virus informáticos.
• La saturación deliberada de casillas de e-mail (e-mail bombs).
• La utilización de Internet por grupos terroristas con fines informativos o doctrinarios

DOXING
Doxing (también puedes encontrarlo como doxxing) es un término que se utiliza en el medio de Internet para referirse a la práctica de investigar, recopilar y difundir información sobre una persona que fue específicamente seleccionada con un objetivo concreto o como una vendetta. Esta pesquisa es de una naturaleza tal que revela información privada de contacto, la localización o, en algunos casos, la identidad real de la persona investigada.
El término doxing usualmente tiene una connotación negativa y tiene su origen en la palabra dox, que es derivado de la abreviación docs, que se usa en inglés para documents (documentos).
Existen diversas variantes de esta práctica, que van desde ser una herramienta usada por la policía para hacer investigaciones legítimas, hasta causas mucho menos nobles, como extorsión, acoso y trolling. Su uso es muy común también en casos de vigilantismo en Internet.
Una de las fuentes que se encuentra fácilmente al alcance de alguien que quiere hacer doxing son las redes sociales, sobre todo si la persona investigada tiene prácticas de privacidad muy relajadas. Por ejemplo, una persona susceptible a doxing es alguien que hace muchas publicaciones de naturaleza personal en Facebook, como fotografías, lugares que visita (o peor aún, que está por visitar), empleos actuales y anteriores, contactos, etc. y que tiene dicha información abierta al público en general.
Las redes sociales son una fuente accesible, sin embargo esto son significa que sea la única fuente o que alguien que no está en redes sociales esté a salvo, ya que existen otras herramientas que se pueden utilizar en Internet. Por ejemplo, existen servicios de búsqueda inversa de números de teléfono, que pueden revelar el domicilio de una persona basándose en un número de teléfono.
Es por esta razón que es recomendable que no se publiquen números telefónicos en redes sociales sin restricciones de quién puede verlos. Dicho esto, es probable que aún la persona más cuidadosa no esté a salvo de doxing si éste se hace por un hacker con una robusta motivación.
Doxing también es usado por troles para acosar a víctimas que hacen apariciones públicas (como autores de libros, periodistas, conferencistas, etc.), obteniendo no sólo su información privada sino también información de los lugares donde se presentarán, misma que usan para lanzar amenazas de agresión o hasta de muerte.
Human Flesh Search Engine
Un caso interesante es Human Flesh Search Engine (usualmente abreviado HFS), surgido en China desde mediados de la década 2000-2010. HFS, más que tratarse de un buscador como su nombre lo sugiere, se trata de un caso de crowdsourcing de información, pero enfocado a la obtención de datos personales de una persona de interés; en otras palabras HFS no es una herramienta ni una página, es más bien un fenómeno.
El nombre se origina por el hecho de que las búsquedas de información se hacen por seres humanos y no por algoritmos o computadoras. Se puede decir que el sentido del nombre es búsquedas hechas por personas, aunque algunos críticos señalan que el espíritu ha cambiado a búsquedas de personas.
La similitud con doxing es asombrosa, por lo que suele referirse a HFS como doxing chino: Tomando información de foros, páginas de entretenimiento, redes sociales y otros medios, un grupo de usuarios de Internet chinos –en grandes números–, son capaces de acopiar y procesar en poco tiempo información logrando identificar individuos que hasta entonces habían mantenido anonimato. Dichos usuarios revelan la identidad de un individuo motivados por el espíritu de hacer justicia, por ejemplo en casos de corrupción, fugas de accidentes automovilísticos y fraudes, aunque también se ha aplicado a transgresiones menores. Aquellos expuestos por HFS pierden por completo su anonimato ya que su información personal es expuesta al mundo. Irónicamente las personas que participaron en la recopilación y divulgación de dicha información tienen la opción de resguardarse detrás de un alias.

HUELLA DIGITAL
Cuando hablamos de huella digital en Internet, nos referimos al rastro que dejamos al navegar e interactuar con la red. Con la evolución de las tecnologías de la información y la comunicación, prácticamente cualquier persona utiliza Internet para llevar a cabo cualquier actividad, el rastro que dejamos en aquellos lugares por los que vamos pasando, es lo que se conoce como huella digital.
Con el paso del tiempo, los ciudadanos hemos adaptado nuestra vida a los entornos digitales, sin reparar en el torrente de información personal que vamos dejando al interactuar con los soportes electrónicos, navegar por internet o participar en las redes sociales.
Es por ejemplo, un error común entre los usuarios de redes sociales, que cuando subimos fotos, videos, comentarios, etc., a nuestros perfiles y luego, arrepentidos, los quitamos, el creer que así han desaparecido, pero nada más lejos de la realidad, ya que los buscadores que se dedican a registrar todo lo que aparece en internet ya han copiado la información, pudiendo así ser recuperable. Entramos en la red pensando que nadie nos ve, pero nuestra navegación deja un rastro imborrable.
Los expertos en seguridad informática, aseguran que los smartphones son nuestro principal registro de rastros digitales. Actualmente, los usuarios en sus teléfonos inteligentes, no solo guardan fotos personales, listas de contactos y archivos de trabajo, sino también el correo, las contraseñas y hasta las aplicaciones para interactuar con el banco u otras compañías a las que contratan servicios. Un simple robo de nuestro terminal, permitiría tener acceso a toda esta información.
Los gestores de las principales redes sociales no cesan de repetir que el usuario es libre de marcar la privacidad que desea tener y que puede eliminar los datos personales que quiera, pero en Internet todo está interconectado y sitios como Google o Archive.org registran la memoria de la red al completo, así que independientemente de las políticas de privacidad que adoptemos, cualquier dato personal subido alguna vez a la red ha quedado registrado en esta, lo que significa que si tu perfil de Facebook ha sido captado por alguno de estos buscadores mientras tenías colgada esa foto de la que te arrepientes, o ese comentario desafortunado que después has eliminado, ya es tarde, pues habrá quedado registrado.
Por tanto, aunque borremos una publicación, los proveedores de servicios de las aplicaciones se quedan con nuestra información. Y estas publicaciones no solo dependen de nosotros, sino también de nuestros amigos y conocidos en redes sociales que pueden etiquetarnos o publicar información personal, de ahí la importancia de configurar una correcta política de privacidad (en la medida que se nos permite) en los perfiles que tenemos activos.
¿Podemos borrar nuestra huella digital?
Como hemos visto, pese a que borremos aquella información personal que no deseamos compartir en Internet, esta permanece en la red por el simple hecho de haber estado colgada unos segundos, así que borrar nuestra huella digital es una ardua tarea, además de que en ningún caso se garantiza que esta información no deseada desaparezca por completo.
Existen diversos artículos en Internet que ofrecen una serie de consejos acerca de cómo podemos hacer desaparecer nuestro rastro de la red, pero quizás no haya que ser tan extremista, pues lo cierto es que no podemos vivir aislados del mundo que nos rodea. Quizás lo más sensato sea hacer un correcto uso de las redes sociales e Internet aplicando unas correctas políticas de privacidad en nuestros perfiles y teniendo en cuenta algún que otro consejo, como los proporcionados por la Oficina de Seguridad del Internauta.
En conclusión, ser conscientes de que todo lo que publicamos en Internet permanecerá por años en la red pese a que lo borremos, siendo este el primer paso hacía una correcta configuración de nuestros perfiles públicos para determinar lo que realmente quiero que sepan de mí. Otro punto importante es transmitir estos conceptos a nuestro entorno, y sobre todo a los menores, que publican impunemente cualquier dato privado y pueden enfrentarse a problemas como los expuestos en el artículo Onlilne child grooming o propuestas telemáticas a menores.

PROPIEDAD INTELECTUAL
La importancia de la propiedad intelectual en las redes sociales es clave. Si eres una de las muchas de las empresas que ha empezado a utilizar estas redes sociales como vía para difundir sus productos y servicios, incluyendo estos canales de comunicación en sus estrategias de marketing, ¡toma nota!.
No te olvides que Internet y las redes sociales se han convertido en el medio de comunicación más importante de nuestros tiempos, generando cada día millones de contenidos de todo tipo, promociones de productos, imágenes, vídeos… Nuevas formas de comunicar, generar, intercambiar y compartir contenidos. Pero, hay que prestar estrecha atención en lo que compartimos. Si no queremos que nos suponga un quebradero de cabeza, no debes dejar de lado las normas y regulaciones del contenido que muestras a tu público, para no cometer ninguna ilegalidad.
Por este motivo, se convierte en un aspecto realmente importante que antes de dar ningún paso y colgar ese contenido en tus diferentes vías de comunicación, has de saber de dónde viene, para de esta manera evitar una vulneración de los derechos de autor.
Y es que, ¡que algo que esté online no significa que puedas utilizarlo! Normalmente tendemos a pensar que cualquier contenido que se encuentra en la red es de dominio público, y que podemos utilizarlo siempre que queramos. Esto es un gran error, pues que ese contenido esté en Internet no quiere decir que tengamos vía libre para apropiarnos de él. ¡Ojo!


CIBERTERRORISMO
En los años 80, Barry Collin, un investigador senior del Institute for Security and Intelligence en California acuñó el término cyberterrorism para referirse a “la convergencia del ciberespacio con el terrorismo”14. Mark Pollit, un agente del FBI que se dedicó a estudiar el tema, desarrolló la siguiente definición operativa: “El ciberterrorismo es el ataque premeditado y políticamente motivado contra información, sistemas computacionales, programas de computadoras y datos que puedan resultar en violencia contra objetivos no combatientes por parte de grupos subnacionales o agentes clandestinos”. Como se observa, Pollit tomó una parte de la definición de terrorismo del FBI anteriormente citada.
Para contribuir a clarificar qué fenómenos pueden ser calificados como actos de ciberterrorismo, Dorothy E. Denning directora del Georgetown Institute for Information Assurance de la Georgetown University, explica lo siguiente:
“Para calificar como ciberterrorismo, un ataque debe resultar en violencia contra personas o contra la propiedad, o al menos causar el daño suficiente como para generar miedo. Ataques que deriven en muertes o personas heridas, explosiones, colisiones de aviones, contaminación de agua o severas pérdidas económicas pueden ser ejemplos válidos. Serios ataques contra la infraestructura crítica de un país podrían ser actos de ciberterrorismo, dependiendo de su impacto. Los ataques que interrumpen servicios no esenciales o que son básicamente una molestia costosa no entran en esta categoría”.
Esa definición de Denning es la que se decidió adoptar con fines operativos para esta tesis. Por lo tanto, en el presente trabajo quedan excluidas del concepto de ciberterrorismo las siguientes prácticas:
• El hackeo de sitios web y la modificación de sus contenidos.
• Los “ataques de negación de servicio”, destinados a paralizar durante unas horas las operaciones de un sitio, aunque sin causarle daño alguno.
• La intromisión no autorizada en redes privadas o gubernamentales, aún cuando esas intromisiones se produzcan en organismos vinculados a la seguridad, como el Pentágono, el FBI o la Fuerza Aérea.
• La intromisones en redes con propósitos delictivos: espionaje industrial, robo de bases de datos, robo de números de tarjetas de crédito, etcétera. Estas prácticas se podrían incluir en la categoría de ciberdelito (cybercrime). 16
• La diseminación de virus informáticos.
• La saturación deliberada de casillas de e-mail (e-mail bombs).
• La utilización de Internet por grupos terroristas con fines informativos o doctrinarios

DOXING
Doxing (también puedes encontrarlo como doxxing) es un término que se utiliza en el medio de Internet para referirse a la práctica de investigar, recopilar y difundir información sobre una persona que fue específicamente seleccionada con un objetivo concreto o como una vendetta. Esta pesquisa es de una naturaleza tal que revela información privada de contacto, la localización o, en algunos casos, la identidad real de la persona investigada.
El término doxing usualmente tiene una connotación negativa y tiene su origen en la palabra dox, que es derivado de la abreviación docs, que se usa en inglés para documents (documentos).
Existen diversas variantes de esta práctica, que van desde ser una herramienta usada por la policía para hacer investigaciones legítimas, hasta causas mucho menos nobles, como extorsión, acoso y trolling. Su uso es muy común también en casos de vigilantismo en Internet.
Una de las fuentes que se encuentra fácilmente al alcance de alguien que quiere hacer doxing son las redes sociales, sobre todo si la persona investigada tiene prácticas de privacidad muy relajadas. Por ejemplo, una persona susceptible a doxing es alguien que hace muchas publicaciones de naturaleza personal en Facebook, como fotografías, lugares que visita (o peor aún, que está por visitar), empleos actuales y anteriores, contactos, etc. y que tiene dicha información abierta al público en general.
Las redes sociales son una fuente accesible, sin embargo esto son significa que sea la única fuente o que alguien que no está en redes sociales esté a salvo, ya que existen otras herramientas que se pueden utilizar en Internet. Por ejemplo, existen servicios de búsqueda inversa de números de teléfono, que pueden revelar el domicilio de una persona basándose en un número de teléfono.
Es por esta razón que es recomendable que no se publiquen números telefónicos en redes sociales sin restricciones de quién puede verlos. Dicho esto, es probable que aún la persona más cuidadosa no esté a salvo de doxing si éste se hace por un hacker con una robusta motivación.
Doxing también es usado por troles para acosar a víctimas que hacen apariciones públicas (como autores de libros, periodistas, conferencistas, etc.), obteniendo no sólo su información privada sino también información de los lugares donde se presentarán, misma que usan para lanzar amenazas de agresión o hasta de muerte.
Human Flesh Search Engine
Un caso interesante es Human Flesh Search Engine (usualmente abreviado HFS), surgido en China desde mediados de la década 2000-2010. HFS, más que tratarse de un buscador como su nombre lo sugiere, se trata de un caso de crowdsourcing de información, pero enfocado a la obtención de datos personales de una persona de interés; en otras palabras HFS no es una herramienta ni una página, es más bien un fenómeno.
El nombre se origina por el hecho de que las búsquedas de información se hacen por seres humanos y no por algoritmos o computadoras. Se puede decir que el sentido del nombre es búsquedas hechas por personas, aunque algunos críticos señalan que el espíritu ha cambiado a búsquedas de personas.
La similitud con doxing es asombrosa, por lo que suele referirse a HFS como doxing chino: Tomando información de foros, páginas de entretenimiento, redes sociales y otros medios, un grupo de usuarios de Internet chinos –en grandes números–, son capaces de acopiar y procesar en poco tiempo información logrando identificar individuos que hasta entonces habían mantenido anonimato. Dichos usuarios revelan la identidad de un individuo motivados por el espíritu de hacer justicia, por ejemplo en casos de corrupción, fugas de accidentes automovilísticos y fraudes, aunque también se ha aplicado a transgresiones menores. Aquellos expuestos por HFS pierden por completo su anonimato ya que su información personal es expuesta al mundo. Irónicamente las personas que participaron en la recopilación y divulgación de dicha información tienen la opción de resguardarse detrás de un alias.

HUELLA DIGITAL
Cuando hablamos de huella digital en Internet, nos referimos al rastro que dejamos al navegar e interactuar con la red. Con la evolución de las tecnologías de la información y la comunicación, prácticamente cualquier persona utiliza Internet para llevar a cabo cualquier actividad, el rastro que dejamos en aquellos lugares por los que vamos pasando, es lo que se conoce como huella digital.
Con el paso del tiempo, los ciudadanos hemos adaptado nuestra vida a los entornos digitales, sin reparar en el torrente de información personal que vamos dejando al interactuar con los soportes electrónicos, navegar por internet o participar en las redes sociales.
Es por ejemplo, un error común entre los usuarios de redes sociales, que cuando subimos fotos, videos, comentarios, etc., a nuestros perfiles y luego, arrepentidos, los quitamos, el creer que así han desaparecido, pero nada más lejos de la realidad, ya que los buscadores que se dedican a registrar todo lo que aparece en internet ya han copiado la información, pudiendo así ser recuperable. Entramos en la red pensando que nadie nos ve, pero nuestra navegación deja un rastro imborrable.
Los expertos en seguridad informática, aseguran que los smartphones son nuestro principal registro de rastros digitales. Actualmente, los usuarios en sus teléfonos inteligentes, no solo guardan fotos personales, listas de contactos y archivos de trabajo, sino también el correo, las contraseñas y hasta las aplicaciones para interactuar con el banco u otras compañías a las que contratan servicios. Un simple robo de nuestro terminal, permitiría tener acceso a toda esta información.
Los gestores de las principales redes sociales no cesan de repetir que el usuario es libre de marcar la privacidad que desea tener y que puede eliminar los datos personales que quiera, pero en Internet todo está interconectado y sitios como Google o Archive.org registran la memoria de la red al completo, así que independientemente de las políticas de privacidad que adoptemos, cualquier dato personal subido alguna vez a la red ha quedado registrado en esta, lo que significa que si tu perfil de Facebook ha sido captado por alguno de estos buscadores mientras tenías colgada esa foto de la que te arrepientes, o ese comentario desafortunado que después has eliminado, ya es tarde, pues habrá quedado registrado.
Por tanto, aunque borremos una publicación, los proveedores de servicios de las aplicaciones se quedan con nuestra información. Y estas publicaciones no solo dependen de nosotros, sino también de nuestros amigos y conocidos en redes sociales que pueden etiquetarnos o publicar información personal, de ahí la importancia de configurar una correcta política de privacidad (en la medida que se nos permite) en los perfiles que tenemos activos.
¿Podemos borrar nuestra huella digital?
Como hemos visto, pese a que borremos aquella información personal que no deseamos compartir en Internet, esta permanece en la red por el simple hecho de haber estado colgada unos segundos, así que borrar nuestra huella digital es una ardua tarea, además de que en ningún caso se garantiza que esta información no deseada desaparezca por completo.
Existen diversos artículos en Internet que ofrecen una serie de consejos acerca de cómo podemos hacer desaparecer nuestro rastro de la red, pero quizás no haya que ser tan extremista, pues lo cierto es que no podemos vivir aislados del mundo que nos rodea. Quizás lo más sensato sea hacer un correcto uso de las redes sociales e Internet aplicando unas correctas políticas de privacidad en nuestros perfiles y teniendo en cuenta algún que otro consejo, como los proporcionados por la Oficina de Seguridad del Internauta.
En conclusión, ser conscientes de que todo lo que publicamos en Internet permanecerá por años en la red pese a que lo borremos, siendo este el primer paso hacía una correcta configuración de nuestros perfiles públicos para determinar lo que realmente quiero que sepan de mí. Otro punto importante es transmitir estos conceptos a nuestro entorno, y sobre todo a los menores, que publican impunemente cualquier dato privado y pueden enfrentarse a problemas como los expuestos en el artículo Onlilne child grooming o propuestas telemáticas a menores.

PROPIEDAD INTELECTUAL
La importancia de la propiedad intelectual en las redes sociales es clave. Si eres una de las muchas de las empresas que ha empezado a utilizar estas redes sociales como vía para difundir sus productos y servicios, incluyendo estos canales de comunicación en sus estrategias de marketing, ¡toma nota!.
No te olvides que Internet y las redes sociales se han convertido en el medio de comunicación más importante de nuestros tiempos, generando cada día millones de contenidos de todo tipo, promociones de productos, imágenes, vídeos… Nuevas formas de comunicar, generar, intercambiar y compartir contenidos. Pero, hay que prestar estrecha atención en lo que compartimos. Si no queremos que nos suponga un quebradero de cabeza, no debes dejar de lado las normas y regulaciones del contenido que muestras a tu público, para no cometer ninguna ilegalidad.
Por este motivo, se convierte en un aspecto realmente importante que antes de dar ningún paso y colgar ese contenido en tus diferentes vías de comunicación, has de saber de dónde viene, para de esta manera evitar una vulneración de los derechos de autor.
Y es que, ¡que algo que esté online no significa que puedas utilizarlo! Normalmente tendemos a pensar que cualquier contenido que se encuentra en la red es de dominio público, y que podemos utilizarlo siempre que queramos. Esto es un gran error, pues que ese contenido esté en Internet no quiere decir que tengamos vía libre para apropiarnos de él. ¡Ojo!
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